Todos hemos visto a lo largo de nuestras vidas a personas que no tienen hogar y que, por algún motivo, ya sea familiar o social, su día a día transcurre en las calles. En ocasiones estas personas han contado con el apoyo de un albergue o de alguna fundación que les ha dado techo y cobijo, pero es algo usualmente temporal. Se considera que cuando una persona no tiene hogar ha llegado al nivel máximo de exclusión social y marginación en la sociedad moderna.  

Con motivo de esta realidad, cada 28 de noviembre se celebra el Día Mundial de las Personas sin Hogar, como una manera de siempre tener presente que hay hombres, mujeres y niños que deambulan en las calles sin un techo que les cobije y que por alguna razón lo han perdido todo. Una fecha para recordarlos, no dejarlos de lado y sobre todo para tratar de buscar alternativas que solucionen esta situación.

Una de las razones por las que estas personas terminan reincidiendo, luego de que se les ha dado una mano amiga, es que la misma sociedad los rechaza, motivo por el que se les hace muy cuesta arriba poder estabilizarse laboralmente. Hay quienes están en una situación de extrema indigencia por lo que se torna aún más difícil.

Alrededor del mundo son muchas las organizaciones que en este día llaman al compromiso de las Administraciones para desarrollar políticas públicas que protejan a las personas sin hogar y que apuesten por la garantía de acceso a derechos humanos fundamentales, como la vivienda y la salud. Además, de la importancia de luchar contra la discriminación y el estigma que sufren las personas sin hogar. 

Pero, ¿qué sucede en Venezuela?

 La realidad de nuestro país es alarmante, ya que con la situación económica actual cada vez son más las personas y familias que caen en pobreza extrema y este es uno de los factores que desencadena en el abandono del hogar pues muchas veces no tienen para comer en un día, caen en la indigencia porque no tienen garantizada la sobrevivencia diaria, teniendo incluso que buscar los alimentos en cualquier lugar, ya sea un basurero o en un lugar de disposición de residuos sólidos, por no tener que comer o solo les alcance para alimentarse una vez al día. 

Cuando el poder adquisitivo o de compra de una familia disminuye de manera constante, como lo que vemos a diario en las calles, los núcleos familiares terminan desmoronándose porque las personas deciden abandonar a sus familiares al no tener con qué hacerle frente a esta condición.

Por GGBA

Fuente: SinHogar

 


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