Los conflictos han existido a través de la historia de la humanidad desde sus inicios. El conflicto es parte de la vida, bien sea en el trabajo, en la familia o en las relaciones de amistad. Los seres humanos somos complejos y tendemos al conflicto. De alguna manera, estamos acostumbrados a convivir con ellos.

El conflicto es un fenómeno dinámico que surge entre dos o más personas o grupos de personas y en el cual existen percepciones, intereses y posiciones que determinan la visión de cada una de las partes, presentándose total o parcialmente en forma divergente y opuestas entre sí. Es una realidad dinámica que se presenta entre dos dimensiones: la racional, de carácter objetivo, y la emocional, subjetiva, que afecta al plano personal.

El conflicto forma parte de nuestra vida, pues, al relacionarnos con otras personas, continuamente se da la situación de disentir y tener intereses, necesidades, gustos y decisiones diferentes y muchas veces encontradas. La conducta de conflicto es la reacción de una persona ante la percepción de que las aspiraciones propias y las de la otra parte no pueden ser logradas al mismo tiempo.

Las causas que provocan la aparición de conflictos son variadas: pueden ser el resultado de diferencias personales (por tener distintas creencias o valores, por diferencias de personalidad); de predisposiciones humanas conflictivas (orgullo, envidia, pereza, indiferencia…); o deberse a causas situacionales o de contexto (la asignación de tareas, la duración de las reuniones, los estados de ánimo).

El conflicto es necesario y no siempre tendrá una connotación negativa, aunque siempre hay que estar atentos para que no tengan efectos dañinos o consecuencias devastadoras.

  • Nos dicen que hay que evitar siempre los conflictos, esto es lo deseable, pero no siempre se pueden evitar. Los conflictos surgen a veces por buscar cambios que sean positivos a un grupo determinado de personas. Algunos conflictos en la historia generaron cambios importantes y trascendentales.
  • El conflicto no siempre es dañino, aunque no es la única manera de lograr cambios ya que para eso existe el diálogo, el consenso y los acuerdos. El conflicto también puede ser inicio de situaciones que obliguen a las partes a buscar las mejores maneras para resolverlo.
  • Ignorar el conflicto para evitarlo no siempre resulta. Debe abordarse de manera oportuna porque normalmente si no se atienden crecen hasta convertirse en una situación difícil de manejar.
  • Es inevitable tener conflictos en la vida: aunque es común tener algunos conflictos, sí es posible reducirlos al máximo trabajando en forma ordenada, planificando y mostrando inteligencia emocional. De esta manera, tal vez no se diluyan, pero los que se presenten serán mucho más manejables.

Un conflicto no surge por generación espontánea, de la noche a la mañana. Se incuba de a poco, sin que, por diferentes motivos, nadie lo señale. La realidad es compleja, cada situación es distinta y es obvio que no existen fórmulas mágicas para solucionarlos.

Para gestionarlos de la mejor manera posible hay que saber aceptar las diferencias (implica tolerancia). Negociar los acuerdos (qué y cómo podemos ceder y reconocer). Clarificar el alcance y las funciones de los involucrados. Hay que despersonalizar los hechos y ver más allá de las actitudes personales y ajenas. En la medida de lo posible documentar los hechos, los acuerdos verbales se olvidan y no dejan evidencia. Hay que responsabilizarse y no estar desde el papel de víctima. Hay que respetar roles y jerarquías en caso de que el conflicto se de tipo laboral, no hay que pasar por encima de las personas que tienen mayor responsabilidad. Hay que aprender del error si hemos sido nosotros la causa del conflicto, para así evitar repetirlo.

Haremos una segunda entrega sobre la importancia de la confianza dentro del proceso de manejo de conflicto.

Elaborado por: Carusto

Fuente: https://emialbaalba.wordpress.com/mitos-sobre-el-manejo-de-conflictos/

 

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