La vida y su significado en la crisis empresarial – Blog de Empléate
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La vida y su significado en la crisis empresarial

La crónica sigue dando de qué hablar acerca del suicidio de empresarios y trabajadores. Pero también existen suicidios empresariales de los que, en cambio, se suele hablar muy poco. En las empresas se pueden reconocer todos los síntomas de cualquier depresión seria: tristeza constante, falta de entusiasmo, ganas de dejarse llevar, el deseo que se apaga y, sobre todo, ausencia de ganas de existir.

El sentido de la vida no puede ni debe radicar únicamente en el trabajo, sin embargo, el sentido del trabajo y de la empresa forman parte del sentido de la vida. En China la palabra que utilizan para designar lo que en occidente llamamos “business” (negocio), está compuesta por la unión de dos ideogramas, vida y significado: el sentido de la vida.

Haciendo empresa y trabajando se logra adquirir sentido, significado y dirección; y cuando el trabajo y la empresa entran en crisis, puede ocurrir que no sepamos adónde ir, que nos sintamos perdidos y por lo tanto perdamos de vista el porqué del cansancio del camino.

Hay un cansancio muy típico de estos tiempos y es el que están viviendo los empresarios que tratan de vencer la fuerte tentación de vender su empresa o de cerrarla, dándose por vencidos. Hay empresas que deben considerar la venta por distintos motivos: porque la propiedad agotó su fuerza vital innovadora, porque el empresario decidió jubilarse al saber que sus hijos no tendrán la intención de continuar con su legado empresarial o tal vez porque la empresa no nació de un proyecto de vida sino para aprovechar una oportunidad y al igual que se aprovechó para entrar, en condiciones menos favorables se puede aprovechar para salir.

Otras empresas deben considerar su cierre porque han terminado su ciclo de vida y su función, porque probablemente sería demasiado caro e ineficiente invertir para darles una segunda vida o porque nacieron solo para satisfacer fines especulativos. La responsabilidad de los propietarios y de las instituciones consiste en evitar o limitar al máximo el daño a los trabajadores, cosa que en épocas de recesión lamentablemente ocurre pocas veces. Sin embargo, hay empresas que no deberían venderse ni cerrarse porque todavía tienen algo que decir, historias que contar, potencialidades que expresar y buenos productos que ofrecer.

Actualmente muchas de estas empresas están llegando a este triste final, ya que detrás de su venta o cierre se refleja la crisis personal de un empresario, de una empresaria, de una familia, de un grupo de personas que, en un momento determinado, dejan de creer que su “criatura” tenga futuro. Estas crisis forman parte de la vida, pero en las fases de depresión colectiva suelen multiplicarse y endurecerse, maximizadas por una sensación de abandono por parte de los mercados, los bancos y las instituciones.

En muchos casos estos empresarios atraviesan por una verdadera prueba moral o espiritual pues tienen la impresión de haber llevado a su familia, a sus trabajadores, a la comunidad que les rodea y a ellos mismos, hacia una aventura ingenua y equivocada, debido tal vez porque piensan que han sido soberbios, orgullosos e inconscientes de sus limitaciones y verdaderos miedos.

A veces esta experiencia va acompañada de cansancio y enfermedad o, en el peor de los casos, de calumnias y denuncias. Entonces se considera la liquidación o la venta, como la única salida para la salvación de la empresa. Y así, sobre todo cuando la facturación y los márgenes se ven reducidos por la crisis, no ven la hora de que llegue alguien y les quite lo que ha pasado de ser su “sentido” de la vida a ser únicamente un “peso” o, peor aún, una pesadilla.

Nuestra cultura nos ha acostumbrado a separar demasiado los negocios del resto de la vida, el contrato del don, el eros del ágape, de esta manera hemos dejado de entender que una empresaria o un empresario son, antes que todo, personas y que detrás de una crisis empresarial se puede esconder una verdadera prueba moral y espiritual, que es necesario curar a un nivel más profundo y vital. Para revitalizar nuestras empresas enfermas hay que ayudar a muchos empresarios y trabajadores a recuperar el “sentido de la vida” y de la empresa que están perdiendo.

Por: GB y Reiter.

 

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