Para obtener resultados óptimos no digas comentarios negativos que dañen tu reputación y desmotiven a las personas que trabajan contigo. 

Cuando eres el dueño, coordinador, líder, jefe etc. a veces tu paciencia puede ser probada y una respuesta grosera o antipática puede generar malestar en la empresa, además de varios empleados problemáticos. Y no sólo porque seas el jefe quiere decir que eres perfecto. A veces decimos cosas de las que nos arrepentimos después. 

Pero a diferencia de un trabajador común, compete solamente al líder mantener una excelente y limpia comunicación verbal. No puedes darte el lujo de decir lo que quieras cuando estás frustrado. Lo último que quieres es que tus errores verbales desmotiven a tus empleados causando problemas aún más grandes para tu organización. 

Aquí hay algunas frases que debes evitar, especialmente en los momentos de mayor frustración. Un comentario fuera de lugar puede causar daño a tu reputación y destruir la confianza que tus empleados te tienen y que puede tomar mucho tiempo reparar. 

“Soy el jefe, haz lo que yo digo” Es una postura infantil ¿En serio crees que te van a hacer caso sólo porque lo digas? Que tus empleados perciban la autoridad pasa por que tus palabras y acciones sean coherentes. El ejemplo arrastra más que las palabras. 

“Tienes suerte de tener un trabajo” Para muchos de tus empleados ese empleo significó un reto, tuvieron que demostrar que eran el idóneo para el cargo. Hacerles sentir que el trabajo que tienen es caridad tuya o un favor que les estás haciendo los denigra y los hace sentir en un lugar que no los valoran ni les reconocen su esfuerzo. 

Si no está funcionando algo con un empleado en particular entonces hay que tomar medidas y llegar a acuerdos con plazos definidos. O se corrigen las fallas o pasan a la orden de RRHH por incumplimiento de acuerdos. 

“Si no te gusta encontraré a alguien más que lo haga” Como jefe, tomas la mayoría de las decisiones, pero decir eso te convierte en déspota. Como líder debes colocar en los cargos de mayor responsabilidad a las personas que consideres pueden dar la talla. Eso implica también motivar, aupar, celebrar los logros, evaluar, corregir, preguntarles qué harían en situaciones hipotéticas a fin de sembrar en ellos la semilla de la curiosidad y de las soluciones, no de la queja. 

“¿Por qué eres el único que tiene un problema con esto?” Si hablamos de un empleado que siempre es terco o que tiene problemas al trabajar, entonces hay que hacerse cargo de eso. Si hablas con un empleado que es relativamente cooperativo, que te está dando algunos problemas sobre una situación en particular, entonces comunícate, sé proactivo, quizás el proceso instaurado es tedioso y él tiene una mejor manera de llegar a cumplir sus objetivos. Es cuestión de abrirse a nuevas iniciativas. 

Tal vez está teniendo un mal día. Cualquiera que sea el problema, no asumas que ya no sirve para esa tarea en particular, indaga de otra manera lo que le sucede (no con esa pregunta).

“No tengo tiempo para esto” ¿Hablas en serio? Tú eres el Jefe. Es tu trabajo hacer tiempo. Esos minutos que pudieras pensar que son perdidos podrán convertirse en beneficiosos si te dedicas a sacar lo bueno y productivo de ese tiempo. 

“No tienes idea lo que es el estrés” Cada uno tiene su propio estrés y vive la intensidad de este como bien puede asumirlo, pero nadie tiene un medidor de estrés para saber si el tuyo es mayor que el del resto, ese comentario podría resultar ofensivo. 

“¿Ves mi nombre en la puerta?” Ajá, ¿y? Es posible que hayas construido este negocio de cero y que has invertido tu tiempo y dinero al hacer de esta empresa lo que es hoy, pero no eres un dios y abusar de tu poder no es una manera productiva para hacer que tus empleados estén de tu lado. Sin tus trabajadores tu negocio puede pasar a la historia como una buena iniciativa, pero como una pésima ejecución.


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