Todos los años aparecen varias clasificaciones de los mejores trabajos del mundo, y aunque esto no indique que sea el empleo perfecto o el ideal, se caracterizan por tener una serie de elementos que se presume te orientarían para llegar a la “felicidad profesional”.

Pese a todo, la idea del trabajo perfecto se desvanece ante una realidad, y es que este no existe. Es una mala noticia, pero hay que asumirlo para aspirar a esa “felicidad profesional”. Está claro que uno no puede ser feliz para siempre en un puesto de trabajo, si además no pone algo de su parte. De la misma forma que se puede llegar a adorar una tarea que antes parecía odiosa, es posible aborrecer un empleo que aparentaba ser perfecto. De hecho, esta es la demostración de que ser feliz con lo que se hace está al alcance de cada uno, ya que el único antídoto contra la rutina y el desgaste del tiempo es reinventar la propia profesión cíclicamente. Es ahí donde se encuentra la felicidad laboral: en la capacidad de conocerse a uno mismo para renovar y enriquecer el trabajo diario.

Igual que en las relaciones personales o las aficiones, con la repetición de las tareas conocidas se esfuma la sensación de novedad y aparece la rutina, pero este no es el único motivo que puede hacer que un profesional esté decepcionado con su trabajo. El grado de satisfacción de un empleado suele ser la suma de factores internos y externos: la relación con el jefe y los compañeros, las funciones que desempeña, las expectativas en cuanto al sueldo y la conciliación con la vida personal. La realidad de estas circunstancias puede hacer que se desvanezca el escenario imaginario de lo que sería un trabajo ideal.

Por lo general, las ocupaciones que generan más satisfacción son aquellas que implican un mayor grado de realización profesional, es decir, que aportan un valor alto. Muchas veces, existe un dilema entre elegir un buen sueldo en un empleo que no produce motivación o trabajar en algo que resulta placentero pese a que esté mal pagado. Los expertos estiman que la motivación extra que proporciona un aumento de sueldo sólo dura tres meses y, según la mayoría de los estudios, el dinero no suele ser el principal factor motivador. De hecho, los valores que hacen más feliz a un trabajador son otros: el compromiso con la empresa, la flexibilidad en cuanto a tiempo o medios y las oportunidades de desarrollo y crecimiento profesional.

Aunque parezca utópico, no es necesario encontrar uno de esos empleos idílicos para alcanzar la “felicidad laboral”. Para ahorrarse frustraciones, es fundamental evitar las expectativas irreales y meditar qué es para uno mismo un buen trabajo, partiendo de un planteamiento positivo y teniendo en cuenta las propias capacidades. La clave para cambiar la percepción es encontrar los aspectos que le atraigan, centrarse en los beneficios que le aporta y priorizar su desarrollo individual y profesional sobre lo demás.

Por: JRM

Fuentes: http://www.expansion.com/emprendedores-empleo/empleo/2017/08/23/599dbf98268e3ef80c8b4615.html

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