Para nadie es un secreto que, con el ritmo de vida actual, las tendencias alimenticias han sufrido una transformación radical, que, si bien no son totalmente responsables, han influido de manera significativa en el aumento de los índices de obesidad mundial, llegando a considerarse como una epidemia.   

Las evidencias están por todas partes, no solo se trata de los locales de comida cuyos menús ofrecen un sinfín de opciones con alto contenido calórico, sino que también el sedentarismo, la rutina diaria y los descontroles en los horarios de comida hacen que las personas estén en riesgo de tener sobrepeso y padecer obesidad.

Ayer como todos los 12 de noviembre se conmemoró el Día Mundial de la Lucha Contra la Obesidad, una iniciativa para crear conciencia y sensibilizar a la población acerca de los efectos que tiene en la salud esta problemática, además de la importancia de tomar medidas que permitan prevenir esta afección y transformar los incorrectos hábitos de vida en modelos más saludables. 

La obesidad se da cuando existe una acumulación en exceso de grasa corporal que se traduce en aumento de peso, resultando dañino para la salud de quienes la padecen, ya que ocasiona un desequilibrio energético. Existen diversos factores que resultan en un desequilibrio energético: causas orgánicas, metabólicas, genéticas, socioeconómicas, ambientales (alimentación y actividad física), psicológicas, entre otras.

Cuando hay exceso de grasa corporal, se incrementa el riesgo de múltiples enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, esteatosis hepática (hígado graso), enfermedades osteoarticulares, apnea del sueño, algunos tipos de Cáncer (como de mama, ovario, colon, etc.), entre muchas otras. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 39% de las personas adultas tiene sobrepeso y el 13% son obesas. Un dato alarmante es, que desde 1975, la obesidad casi se ha triplicado en todo el mundo, causando más muertes que la insuficiencia ponderal. Cada vez más niños se ven afectados por esta enfermedad y es que las elecciones en cuanto a su dieta y el hábito de realizar actividades físicas dependen del entorno que les rodea, de ahí la necesidad de crear conciencia.

Una de las recomendaciones para comenzar a transformar esta realidad, y contribuir con la prevención de la obesidad, es ingerir una dieta saludable donde se reduzca la ingesta total de grasas, sustituyendo las grasas saturadas por las insaturadas; consumir más frutas, hortalizas, legumbres, cereales integrales y frutos secos; así como reducir lo más que se pueda la ingesta de azúcar y sal. 

De igual manera realizar ejercicios te ayudará a mantener un cuerpo sano y en mejores condiciones. Prueba llevar a cabo rutinas de intensidad moderada al menos 3 veces por semana, como una manera de reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes o algún tipo de cáncer como el de colon o mama.

 

Por GGBA

Fuente: Clínica Obesitas

 


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