Con el paso del tiempo la manera de hacer negocios con los clientes ha ido evolucionando, tanto así que la frase que popularmente se conoce como “el cliente siempre tiene la razón” debe considerarse y darle un nuevo giro, ya que en la actualidad la meta de los empresarios se está enfocando en ir más allá de lo que los clientes proponen, de darles ese toque adicional que haga la diferencia y que resulte en un ganar-ganar.

Anteriormente la premisa que se manejaba en el mundo de los negocios era que se debía hacer lo que el cliente dijera, sin importa que esto terminara resultando contraproducente para ambas partes, sin embargo, esta nueva tendencia de lograr que el cliente escuche lo que el encargado del proyecto tiene que decirle toma cada vez más terreno. Básicamente es generar un cambio de paradigmas que permita que cada uno de los trabajadores, que forman parte de una organización, sean conscientes de la importancia de enfocarse en las verdaderas necesidades del cliente. 

La realidad es que, con la llegada del Internet y las nuevas tecnologías vinculadas a dispositivos móviles, así como la continua información recibida a través de las redes sociales, ha hecho que el control en la relación entre las organizaciones y los clientes cambie de manos, es decir, que las empresas tengan que dedicarse a servir no a un producto como tal sino a un determinado cliente, ya sea un consumidor, un ciudadano o un paciente, que está cada vez más informado y educado acerca del mundo que le rodea y al que resulta cada vez más cuesta arriba convencerlo de algo nuevo. El cliente hoy tiene mayor peso. 

La manera de conseguir a un nuevo cliente ha cambiado, ya no basta con ofrecerle las bondades de un determinado producto o servicio cuando una campaña publicitaria termina resultando fría y carente de emociones. No en vano resulta común ver cómo la publicidad se ha inclinado paulatinamente a resaltar la emocionalidad y sentimientos propios del ser humano. El objetivo es ofrecer experiencias que marquen la diferencia y que de alguna manera convierta a esos clientes en fanáticos de los productos, y eso es algo que llegó para quedarse porque cada vez que el mercado avanza, los clientes se tornan más exigentes.

Es casi que imperativo que los empresarios comprendan la necesidad de acercarse y de enamorar a sus clientes, conocerlos, saber lo que les gusta y lo que les disgusta para así poder proponer una estrategia realmente innovadora, algo que se salga de los parámetros establecidos y que logre cumplir las expectativas y llenar esos vacíos. Anticiparse a lo que ni ellos saben que les hacía falta. Aquí el cliente es el centro de todo.

Por GGBA

Fuente: El Paìs, Economía.

 

 


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